Santiago Segura no es activista. No iría nunca con chapitas a los Oscar, jamás mezclaría escenarios para reivindicar según qué cosas y quizá, si lo hiciera, su reparto de justicia sería algo más imparcial de lo que nos tienen acostumbrado otros. Santiago Segura hace películas, que por cierto han facturado el 17 por ciento de la taquilla española en los últimos 10 años. Y si en esas películas el protagonista es un ser zafio, despreciable, ruin, cobarde y sin principios férreos -se lleva el cambio de opinión- que hace tiempo nos dejó de parecer tan surreal, tenemos un problema. O como dice él, cualquier parecido con la realidad no es coincidencia... es una putada.