Y los musicales están de moda. En la capital en particular, en el mundo en general. Y dos adolescentes, coprotagonistas junto al "Clown" de la historia, se encargan de poner voz e imprimir ritmo a las transiciones entre números. Claro que el citado payaso es la estrella, el "príncipe" del espectáculo, y Johnny es el mejor de cuantos hemos visto. Un digno tributo a los televisivos y clásicos e ideal conector con las nuevas generaciones y flamantes tendencias. Por recorrer rápidamente el capítulo de conocidos: el gigantesco árbol de Openbank en la carpa previa, el vertiginoso número de patines sobre una reducida tarima, equilibrismos varios... por ensalzar novedades, la calistenia de dos artistas premiados mundialmente o las bicicletas de unas asiáticas que en un momento dado se amontonan en una sola ornamentan un evento que pierde otro clásico, las motos, pero aguanta el tipo con mucho talento y dinámica sin pausa.
Pero sobre todo, el circo. Los rostros ilusionados de los niños, los gritos ahogados de los que temen por la vida de artistas sin arneses ni cuerdas, los aplausos, la ilusión. Quizá sólo sean un puñado de minutos, quizá un espejismo en una realidad que en ocasiones nos deja poco margen para el disfrute y el gozo a base de obligaciones y preocupaciones, pero es nuestro remanso de paz. La magia del circo un año más, una Navidad más, en Circlassica.
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Jesús Clemente Rubio